
El Seminario Jurídico Internacional, auspiciado por la Unión Europea (CIVIPOL e ISEM) y la Escuela Nacional de la Magistratura (Francia) en el marco del Proyecto LEICA (Law Enforcement in Central Asia), que ha tenido lugar el Tashkent, capital de Uzbekistán, los pasados días 16, 17 y 18 de abril de 2024 se erigió como un encuentro trascendental para los responsables judiciales y fiscales de las cinco repúblicas de Asia Central que compartieron esos días con diversos ponentes expertos de países europeos. Como colofón, tras el mismo, la majestuosa ciudad de Samarcanda, con su historia milenaria y sus monumentos icónicos, fue el escenario perfecto para la finalización de mi estancia en dicho pais.
Como ponente, tuve el honor de compartir mis reflexiones y experiencia sobre la justicia en el estado de derecho y los desafíos que enfrentamos en un mundo cada vez más interconectado en el que los delitos de cada país responden a similares patrones de actuación, y cada vez más. Los presidentes del Tribunal Supremo y los fiscales generales de dichos países, ahí presentes, prestaron atención mientras tratábamos temas como la cooperación judicial internacional, la lucha contra la corrupción, el blanqueo de capitales y el terrorismo y la protección de los derechos humanos en un sistema judicial donde han de regir las garantías procesales y el derecho de defensa.
La embajadora de la Unión Europea ante la República de Uzbekistán inauguró el seminario. Su discurso enfatizó la importancia de la colaboración entre naciones para garantizar, dentro del respeto a la ley, los derechos fundamentales, la justicia y la equidad en un mundo diverso y complejo.
Durante las sesiones se debatieron cuestiones cruciales, como los procesos judiciales y desarrollo de las vistas orales, extradición de criminales, la armonización de leyes y la actuación contra los tres tipos de terrorismo que ha sufrido -y sufre- España: el interno de organizaciones criminales de corte marxista (como, básicamente, en nuestro caso, el de ETA que, aunque ha dejado de matar, sigue sin colaborar en el esclarecimiento de cientos de asesinatos perpretados por la banda criminal y humillando a las víctimas), el yihadista (de ámbito internacional y que golpea a cada vez más naciones de la manera más drástica con cientos de asesinatos y cuantiosísimos daños, el último de los cuales ha tenido lugar hace unos días en el Crocus City Hall de Moscú,) y el terrorismo callejero de quienes, sin poner bombas ni pegar tiros, participan o inducen a la comisión de graves alteraciones del orden público y de delitos contra la integridad y el patrimonio por móviles secesionistas alentando la ruptura del orden constitucional y el sistema de funcionamiento democrático de las instituciones.
Los debates fueron apasionados y enriquecedores, y los participantes -ponentes y asistentes- compartieron sus experiencias y mejores prácticas.
En los descansos, tuve la oportunidad de conversar con colegas de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Sus perspectivas y enfoques me dejaron impresionado y reforzaron mi creencia en la necesidad de un sistema judicial que respete la independencia de los órganos jurisdiccionales, el nombramiento de los jueces y magistrados en base a los principios de mérito y capacidad, y la designación de los órganos de gobierno de la Administración de Justicia y del Poder Judicial ajeno a diatribas políticas, así como el respeto a las normas procesales respetuosas con el derecho de defensa.
La delegación española fue honrada con una invitación a un elegante cóctel en la residencia del embajador de España. Allí, entre risas y brindis, compartimos anécdotas y estrechamos lazos con nuestros homólogos de otras naciones.
Al concluir el seminario, decidí explorar la mítica Samarcanda. Sus calles empedradas, sus mezquitas y sus madrasas me transportaron a un pasado glorioso y me descubrió la impresionante historia del madrileño Ruy González de Clavijo, embajador de Don Enrique III de Castilla ante el gran Tamerlan, que realizó un viaje (1403 a 1406) a dicha ciudad en busca de una alianza contra el imperio otomano, enemigo de ambos. El Registán, con sus tres majestuosas estructuras, me dejó sin aliento. Y al visitar la Tumba de Tamerlán, reflexioné sobre la grandeza y la fragilidad de la humanidad a lo largo de los siglos.
En resumen, el Seminario Jurídico en Uzbekistán fue un hito en mi carrera profesional de jurista y una experiencia que atesoraré siempre, unida a la que meses antes (enero de 2024) tuve en similar encuentro en Almaty (Kazajastán).
La justicia no tiene fronteras, y este evento reafirmó mi compromiso de trabajar por un mundo más justo y equitativo y más respetuosos con los Derechos fundamentales de todo ser humano.
Nota: Agradezco a la dirección de LEICA y a D. Manuel Marion Mainer por su impecable organización y hospitalidad durante este evento inolvidable.

