«La pena es la privación o restricción de bienes jurídicos impuesta conforme a la ley por los órganos jurisdiccionales al culpable de una infracción penal», Eugenio Cuello Calón.

La consecuencia o efecto jurídico que llevan unidas las conductas que en el Código Penal están tipificadas como un delito es la pena o una medida de seguridad. Además, existe el deber de compensar y resarcir el daño que produce esa conducta criminal a través del ejercicio de la acción civil como clave fundamental de las consecuencias jurídicas que derivan de cada delito (operando también la responsabilidad civil en casos en los que pueda no imponerse una pena por razón de alguna causa que excluya la culpabilidad).

 
El objeto de la pena es la satisfacción de un interés público; y la responsabilidad civil tiene el fin de satisfacer un interés particular, sin que la cuantía de la reparación del daño guarde correlación con la pena que se imponga, sino solamente con el alcance del propio daño.
Sin embargo, cuando de un hecho tipificado penalmente se pueda derivar una acción civil, el Ministerio Fiscal tiene legitimación para ejercitarla por lo cual no es posible considerar la responsabilidad civil que dimana de un delito como de interés única y exclusivamente privado, puesto que en la reparación del daño que se ha causado también se pretende la satisfacción de un interés social.

 
Es por ello por lo que las penas impuestas a los reos de terrorismo -como en cualesquiera otros delitos- quedaran plenamente satisfechas cuando se hayan cumplido en su totalidad y en todos sus términos, incluyendo las responsabilidades patrimoniales que en las mismas se contengan, siendo esta la única manera de satisfacer su deuda con el orden jurídico y social, lo que vergonzosamente no está teniendo lugar con los terroristas presos y excarcelados que directa e indirectamente perciben ingresos y tienen patrimonio sin destinarlo al cumplimiento de la responsabilidad civil derivada del delito.

Texto: Hugo Jordán de Urríes del Hierro

Gran labor académica, formativa y divulgativa la de Miguel Angel Recuerda, ahora con el Anuario de Derecho Administrativo, en el que Santiago Milans del Bosch, socio director del despacho, participa comentando una sentencia de la Sala de los Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo a la que se refiere esta publicación.

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La Fundación Villacisneros consigue que se procese a García Gaztelu, alias ‘Txapote’, 22 años después del asesinato del concejal del PP Manuel Zamarreño

Gracias al tesón de Naiara, hija de Manuel Zamarreño, asesinado por la banda terrorista ETA el 25 de Junio de 1998 en Rentería, y al compromiso de la Fundación Villacisneros, se ha conseguido procesar a García Gaztelu como presunto asesino de su padre.
El Proyecto Dignidad es uno de los pilares de Fundación Villacisneros. Dentro del mismo el esclarecimiento de los crímenes de la banda sin autor conocido, es uno de los objetivos principales.
Al éxito del que hoy damos cuenta sumamos otros casos similares, pero todavía quedan más de trescientos asesinatos sin resolver. Más de trescientas familias que, a la tristeza de la pérdida de su familiar, unen la desconfianza hacia un Estado de Derecho que ha sido incapaz de, al menos, hacer justicia con los asesinos.
Contribuir al final de la impunidad de estos crímenes es el mínimo tributo que una democracia digna debe asumir para reparar el daño causado. Para nosotros impulsar la Memoria y la Justicia para las víctimas es un deber moral y una obligación que, como españoles, nos impulsa cada día.
En este sentido, tenemos que dar las gracias al despacho Milans del Bosch Abogados por su apoyo y su trabajo diario para que los asesinatos de ETA no queden impunes.
En este enlace puede leer la noticia completa

Sentencia del Juzgado de lo Social de Teruel, de fecha 3 de junio de 2020, por la que se condena a la Administración por vulnerar el derecho fundamental a la vida con su gestión de la crisis del coronavirus, responsabilizando directamente a las autoridades de «pasividad», de conocer el riesgo desde enero y no haber actuado en consecuencia, y -con ello- de haber vulnerado el derecho a la vida que protege la Constitución.

Enlace para acceder a la sentencia

No sé cómo empezar. Han sido tantos lo momentos y las experiencias que estos días de confinamiento han recorrido mi memoria que, siendo tanta la pena que siento, apenas puedo escribir esta nota necrológica. Estuve con Manuel Angel justo antes de que se acordara el estado de alarma. Es algo de lo que siempre agradeceré al espíritu de dentro que me empujó para ir “a pasar el día” con él, comiendo en familia con su mujer e hijas, y dando luego un paseo, saludando a los vecinos y,  entre ellos, a las hermanas de la Congregación de Marta y María, que regentan la residencia de los Santos Ángeles, en la Villa de La Orotava, para el cuidado de personas dependientes, que tan bien conocía Manuel Angel por haber estado yendo durante varios años como fiscal, en cumplimiento de las funciones encomendadas al Ministerio público, más allá de las de ámbito penal.
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